Estrategias de cobertura: cómo el agro gestiona el riesgo de precios
Cerrar un precio de venta antes de cosechar o establecer un piso sin resignar todas las posibles subas: los futuros y las opciones permiten reducir la incertidumbre y planificar los ingresos de cada campaña. Repasamos las principales estrategias de cobertura del agro y cómo aplicamos esta lógica en Landtoken.
23 de septiembre de 2026 · 6 minutos de lectura
Ezequiel Correa Luna
Investor Experience

El mercado a término
Un mercado a término es un espacio formal donde compradores y vendedores fijan hoy el precio, la cantidad y la fecha de entrega de una operación que se cumplirá en el futuro. Se diferencia del mercado «disponible» o spot, donde la mercadería se entrega de inmediato al precio fluctuante del día.
Para el productor agropecuario, esta diferencia lo cambia todo: mientras el disponible refleja el valor del momento, el mercado a término le permite fijar el precio de una cosecha que todavía está en el lote o que ni siquiera se sembró. Esa capacidad de anticipación transforma a estos mercados en la principal herramienta para gestionar el riesgo de precios y en la referencia clave para toda la cadena comercial.
Futuros y opciones: dos herramientas, un mismo objetivo
Dentro de los mercados a término existen dos instrumentos principales:
- Futuros: son contratos estandarizados que permiten fijar hoy el precio de compra o venta de una cantidad determinada de grano para una fecha futura. Si un productor vende un futuro de soja a un valor que hoy le asegura rentabilidad, una eventual caída posterior en las cotizaciones no afecta su ingreso: el precio de esa mercadería ya está cerrado. La contracara es la pérdida de flexibilidad al alza: si el mercado sube, tampoco se beneficia, ya que el valor de venta quedó prefijado.
- Opciones: otorgan a quien las compra el derecho —pero no la obligación— de vender (opción de venta o PUT) o comprar (opción de compra o CALL) a un precio determinado, a cambio de pagar una prima. Al comprar un PUT, el productor establece un precio piso ante una baja del mercado, pero conserva el potencial de capturar subas si las cotizaciones trepan. Esa condición de «derecho sin obligación» aplica únicamente al comprador; quien vende la opción, en cambio, asume una obligación si la contraparte decide ejercerla.
Por eso, una estrategia muy habitual en el agro es el collar: combinar la compra de un PUT con la venta de un CALL. De esta manera, la prima cobrada por el CALL financia total o parcialmente el costo del PUT, garantizando un piso de precio a cambio de fijar un techo a las eventuales subas extraordinarias.
Cómo opera en la práctica: el rol de A3 (ex Matba Rofex)
En Argentina, esta operatoria se concentra en A3 Mercados, la plataforma surgida de la integración entre Matba Rofex y el Mercado Abierto Electrónico (MAE). Allí se negocian contratos de futuros y opciones sobre soja, maíz, trigo y otros productos agropecuarios, cuyos valores sirven además como precio de referencia para buena parte del comercio físico de granos en el país.
La adopción de estos instrumentos por parte de la cadena agroindustrial muestra un dinamismo histórico. De acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en 2025 se negociaron en A3 89,6 millones de toneladas, marcando un récord histórico y un crecimiento del 35% frente a 2024. La soja lideró el volumen con 51,3 millones de toneladas, seguida por el maíz con 27,9 millones y el trigo con 10,4 millones.
La relevancia de estas cifras se magnifica al contrastarlas con la producción real: el tonelaje operado en futuros y opciones durante 2025 equivalió al 64% de la cosecha total de granos, la relación más alta en 87 años (descartando la atipicidad climática de 2023). En el caso específico de la soja, el volumen operado alcanzó el 104% de la producción estimada de la campaña.
Esta última relación no significa que se haya cubierto la totalidad física del grano; un mismo lote suele negociarse o cubrirse varias veces a lo largo de la cadena comercial por distintos participantes (productores, acopios, exportadores e industrias). Lo que sí evidencia es la madurez y la centralidad que han adquirido estos mercados para la formación de precios y la mitigación del riesgo.
Lejos de ser un fenómeno aislado, la tendencia se consolidó en 2026: hasta agosto inclusive, la operatoria de futuros y opciones agropecuarias en A3 acumuló 74,6 millones de toneladas. Esto representa un incremento interanual del 33% y equivale a casi la mitad de la producción proyectada de soja, maíz y trigo. De ese volumen total, la inmensa mayoría (65,7 millones de toneladas) correspondió estrictamente a contratos de futuros.
Un ejemplo simple: fijar precio antes de cosechar
Para comprender la dinámica en la práctica, imaginemos a un productor que, meses antes de cosechar, decide cubrir 100 toneladas de soja vendiendo un contrato de futuros a 350 USD/Tn, un valor que le asegura rentabilidad.
Si al momento de la cosecha el precio baja a 300 USD/Tn, esa caída no afecta su ingreso: ya tiene garantizados sus USD 350 USD/Tn para las 100 toneladas pactadas. A la inversa, si el precio sube a 400 USD/Tn, el productor no participa de esa ganancia adicional, ya que su valor de venta quedó pactado de antemano para las 100 toneladas vendidas.
La contrapartida de resignar la suba es haber operado con previsibilidad absoluta y margen asegurado.
Una variante habitual de esta estrategia consiste en complementar la posición vendida en futuros con la compra de una opción CALL, por ejemplo con precio de ejercicio en 380 USD/Tn. Esto no modifica el piso de 350 USD/Tn ya asegurado por el futuro, pero le da al productor el derecho a comprar a ese valor: si el mercado se dispara por encima de los 380, el CALL le permite capturar esa suba adicional (menos el costo de la prima pagada), sumándola al ingreso ya garantizado. Así, el productor sostiene la previsibilidad del futuro pero recupera cierta participación en un escenario alcista extraordinario.
¿Cómo gestiona Landtoken la cobertura de precios?
En Landtoken aplicamos esta misma lógica de cobertura a la gestión de los contratos de arrendamiento de cada campo. Cuando las condiciones de mercado lo justifican, fijamos con anticipación el precio de los quintales de cada contrato de arrendamiento con el fin de capturar valores que nos resultan atractivos para los inversores y que puedan o no mantenerse a cosecha.
Como estrategia, no solemos fijar el precio del 100% del contrato en una sola oportunidad, sino que se busca hacerlo de forma parcial para ir tomando distintos niveles de precio.
Esta gestión activa del riesgo de precios es un componente central de cómo estructuramos las inversiones: no se trata solo de elegir buena tierra y buenos arrendatarios, sino también de administrar el momento y la forma en que se define el ingreso de cada campaña, buscando capturar los mejores precios disponibles para los inversores.